Qué significa el semáforo amarillo
En todo el mundo, un sistema llamado «semáforo volcánico», con cuatro colores — verde, amarillo, naranja y rojo —, regula cómo debe comportarse la población. En Canarias, La Palma es la única isla en amarillo; Tenerife, El Hierro, Lanzarote y Gran Canaria lucen en verde. El color lo decide la dirección del Pevolca a partir de los datos de vigilancia de dos institutos: el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan).
El amarillo no significa que amenace una nueva erupción. Indica que, una vez finalizada la erupción, «subsisten determinados riesgos para la población», como expresa el Gobierno de Canarias: emanaciones de dióxido de carbono, la inestabilidad de algunas zonas de coladas y las elevadas temperaturas aún presentes en el subsuelo — todas ellas propias de la dinámica posteruptiva. En La Palma, la dirección de esta situación de alerta corresponde al Cabildo Insular.
Las buenas noticias: los datos apuntan a la baja
Aquí está la cara esperanzadora. La sismicidad es débil: en los últimos 90 días el IGN registró 26 movimientos sísmicos en la isla, todos de baja magnitud y en niveles muy bajos en todas las profundidades. No se descartan del todo seísmos sentidos, pero se consideran improbables.
Más claro aún es el comportamiento de los gases. El indicador central — cuántas veces la emisión de CO2 supera un umbral estadístico — baja año tras año: tres veces en 2022, dos en 2023, una en 2024 y, en lo que va de 2025, ninguna. Una evolución que, según la valoración de Itahiza Domínguez (IGN) y Nemesio Pérez (Involcan), apunta a «que la problemática está menguando en este punto». En Puerto Naos, la localidad costera más afectada por los gases, se mide además el gradiente de presión del suelo; allí, sin embargo, no hay aún suficientes campañas para establecer una tendencia clara.
La otra cara: quien sigue viviendo en una casa modular
Hasta aquí la ciencia. Para muchos afectados, sin embargo, «cuatro años después» no se siente como un alivio. Una parte de las personas que perdieron su hogar sigue viviendo en los barrios de casas modulares y contenedores levantados tras la catástrofe. Cerca de 420 viviendas fijas están en construcción; en octubre de 2025 comenzaron a retirarse los primeros contenedores y a realojar familias — pero disponer de vivienda digna suficiente sigue siendo, según la plataforma de afectados, una de las mayores tareas pendientes. Las ayudas para la reconstrucción y las reformas siguen siendo, dicen, insuficientes pese a todos los esfuerzos del Gobierno regional.
La agricultura también espera. Las dos anualidades prometidas de 100 millones de euros cada una para recuperar las fincas sepultadas, según declaraciones recientes del ministro Ángel Víctor Torres, probablemente no se cumplan; muchos agricultores dependen de las ayudas agrarias europeas porque sus tierras de cultivo quedaron bajo la lava. Al menos hay una buena noticia: para los años 2025 a 2027 está comprometida una bonificación del 60 por ciento en el IRPF para La Palma.
Puerto Naos: un regreso por etapas
Un escenario resume la convivencia entre avance y parálisis: Puerto Naos, antaño una localidad turística llena de vida, fue cerrado tras la erupción por la salida de gases. A día de hoy, el plan de emergencias insular PEINPAL ha reabierto el acceso a más de 1.500 viviendas, y poco a poco se suman garajes y algún edificio más. Pero el problema de los gases no está resuelto, sino gestionado — con mediciones, condiciones y zonas de seguridad.
💡 Para visitantes: el volcán es un atractivo — con reglas
Para los viajeros, el Tajogaite se ha convertido en un reclamo, y el turismo se recupera. Importante: al cono en sí, a los campos de ceniza de su entorno y a las coladas solo se puede acceder con guías certificados (a finales de 2025). El motivo son precisamente los riesgos por los que el semáforo está en amarillo — gases tóxicos, posibles desprendimientos en los bordes de coladas gruesas y calor residual. Quien se adentre por su cuenta se pone en peligro y actúa contra las normas.
El balance
Cuatro años después de la erupción, La Palma cuenta dos historias a la vez. La geológica apunta a una calma lenta: la tierra apenas tiembla, los gases bajan. La humana habla de familias que aún no están en casa, de agricultores sin fincas y de ayudas que no fluyen como se prometió. El amarillo del semáforo volcánico representa, así, algo más que geofísica. Es un recordatorio de que una catástrofe no termina cuando la lava se enfría — sino cuando las personas pueden volver a llevar una vida normal.
Preguntas frecuentes
¿Amenaza una nueva erupción en La Palma?
No, por ahora no hay indicios. El nivel amarillo no se refiere a una erupción inminente, sino a riesgos que subsisten de la fase posteruptiva: gases, coladas inestables y calor residual. Los terremotos son débiles y poco frecuentes.
¿Por qué sigue entonces el semáforo en amarillo?
Porque en algunas zonas aún sale dióxido de carbono, los bordes de algunas coladas pueden desprenderse y el subsuelo sigue caliente. El color lo decide la dirección del plan Pevolca a partir de los datos del IGN y el Involcan.
¿Han mejorado los valores?
Sí. Las superaciones del umbral de CO2 bajaron de tres veces (2022) a ninguna (en lo que va de 2025), y la sismicidad se mantiene en niveles muy bajos. Los expertos lo interpretan como una señal de que la problemática mengua.
¿Se puede visitar el volcán?
Sí, el turismo se recupera. Pero al cono, los campos de ceniza y las coladas solo se accede con guías certificados — por los gases tóxicos, los posibles desprendimientos y el calor residual.
¿Pueden volver las personas a sus casas?
En parte. En Puerto Naos hay más de 1.500 viviendas de nuevo accesibles. Pero muchos afectados siguen en barrios de casas modulares y contenedores; cerca de 420 viviendas fijas están en construcción. Los representantes de los afectados siguen considerando insuficientes las ayudas.