Qué ocurre: El consumo de cocaína entre adolescentes en Canarias sube de forma alarmante

Fuente: Proyecto Hombre Canarias (Cesica), memoria 2024

Alarmante: Adolescentes de 14 años ya consumen cocaína — antes dominaba el cannabis

Cifras: El 50% de quienes piden ayuda lo hacen por cocaína, más de 5.300 personas atendidas al año

Problema: No existe ningún centro residencial para menores adictos en Canarias

Las señales de alarma son inequívocas: el consumo de cocaína entre los jóvenes de las Islas Canarias ha alcanzado niveles que preocupan a los expertos en adicciones. Durante la visita de la alcaldesa de Las Palmas, Carolina Darias, a las instalaciones de Cesica–Proyecto Hombre este lunes, se dibujó un panorama que va mucho más allá de las advertencias habituales sobre drogas.

El cannabis era ayer — la cocaína es el nuevo problema

María del Carmen Lázaro, directora de Proyecto Hombre Canarias, describe un cambio fundamental: el perfil clásico del joven consumidor — cannabis, quizá algo de alcohol — está cambiando. Hoy se sientan en sus consultas adolescentes de 14 años que consumen cocaína. No como excepción, sino como tendencia creciente.

Las cifras respaldan la alarma. La mitad de las 2.073 personas que acudieron a los centros de Proyecto Hombre en 2024 lo hicieron por adicción a la cocaína. Le sigue el alcohol con el 19%, y después el crack con el 18%. El cannabis, durante años la sustancia dominante entre jóvenes, está siendo desplazado por drogas más duras.

Ni una cama para adolescentes adictos

Lo que hace la situación especialmente crítica en Canarias: no existe en todo el archipiélago ni un solo recurso residencial terapéutico para menores adictos. Cuando un adolescente no puede controlar el consumo en su entorno familiar o social, a los terapeutas solo les queda elegir entre soluciones parciales o enviar al menor fuera de las islas.

Proyecto Hombre atiende actualmente a 64 jóvenes en los programas Nova y Reiníciate — de forma ambulatoria, no residencial. La organización trabaja con centros educativos, familias y servicios sociales para detectar conductas de riesgo a tiempo. Pero los programas ambulatorios tienen sus límites cuando la adicción ya está avanzada.

El alcohol como puerta de entrada, la cocaína como destino

Lázaro describe un recorrido típico: comienza con el consumo normalizado de alcohol — una botella compartida en un parque, una copa en casa. De ahí se pasa al consumo regular, y el camino hacia la cocaína es más corto de lo que muchos padres creen. Especialmente peligroso: mezclar alcohol y cocaína produce cocaetileno, un metabolito que multiplica la toxicidad hepática y los riesgos cardiovasculares.

Desde la pandemia, los problemas se han duplicado según Proyecto Hombre. Las cargas de salud mental entre los jóvenes han aumentado, las barreras han bajado. Al mismo tiempo, la organización observa un aumento de mujeres que piden ayuda — del 2-3% hace unos años al 16% actual.

Proyecto Hombre Canarias — Cifras 2024:

5.300+ personas atendidas (5.200 en prevención)

2.073 personas en programas de tratamiento

50% acuden por cocaína

64 jóvenes actualmente en seguimiento

81% de los jóvenes atendidos son varones

14 años: edad media de inicio del consumo

184.000 € financiación municipal 2026 (frente a 179.000 € en 2025)

Qué hace la política — y qué falta

El Ayuntamiento de Las Palmas ha elevado la financiación de Proyecto Hombre de 179.000 a 184.000 euros. Una señal, pero una gota en el océano ante la dimensión del problema. Lo que Lázaro lleva años reclamando: un centro residencial para adolescentes, más dinero para prevención y un compromiso político de que la adicción en menores es una emergencia.

La realidad es otra. El alcohol sigue socialmente aceptado. La cocaína es barata y fácil de conseguir en Canarias — la posición geoestratégica del archipiélago en la ruta atlántica de la droga convierte las islas en un punto clave del tráfico internacional. Y los programas de prevención, aunque llegan a 7.000 jóvenes al año, no son suficientes cuando hay adolescentes de 14 años que ya recurren a la sustancia más dura disponible.