Qué quiere el Cabildo
El 13 de abril de 2026, una amplia alianza — Cabildo, Clúster Marítimo de Canarias, sindicatos, asociaciones empresariales, centros de investigación — firmó una carta conjunta dirigida a la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen. La petición: que la primera subasta de eólica marina de España se celebre frente a Gran Canaria. No dentro de unos años. Ahora.
El presidente del Cabildo, Antonio Morales, fue rotundo: «Gran Canaria tiene los deberes hechos. Estamos preparados. No tenemos por qué esperar a que otros territorios de España estén listos.»
Las cifras que ponen sobre la mesa:
250 MW para el primer parque eólico marino flotante — electricidad suficiente para cientos de miles de hogares. Un potencial de 500 MW a largo plazo.
80–120 €/MWh cuesta la electricidad eólica offshore según un estudio de la Universidad Pontificia Comillas (2025). Suena caro — hasta que se compara: la electricidad generada con diésel y fuel, de la que Canarias sigue dependiendo hoy, cuesta 120–200 €/MWh. La eólica marina sería más barata que la alternativa fósil.
Hasta 8.000 empleos anuales (equivalentes) e inversiones de miles de millones, prometen los impulsores. Gran Canaria se presentará como emplazamiento en la feria WindEurope de Madrid (21–23 de abril de 2026).
2027 podría estar operativo el primer parque flotante — si la subasta se convoca ahora.
Por qué Canarias quiere eólica offshore
El argumento tiene lógica a primera vista. Las Islas Canarias no tienen red eléctrica continental. Cada isla genera su propia electricidad. Y más del 80 por ciento de esa electricidad viene de combustibles fósiles — diésel, fuel, importados por mar. Eso hace a Canarias cara, vulnerable y un lastre climático.
Viento hay de sobra. Los alisios soplan con constancia. En el mar — a kilómetros de la costa — el viento es aún más fuerte y regular que en tierra. Las turbinas flotantes (a diferencia de las fijas) funcionan en aguas profundas, como las que rodean a Canarias.
Y el argumento estrella de los defensores: los parques offshore apenas se ven desde tierra. Están lejos, mar adentro. No destrozan montañas, ni valles, ni líneas de costa.
Hasta aquí la teoría.
Ve a Vecindario — y mira la práctica
Antes de entusiasmarse con parques flotantes en el Atlántico, conviene ver lo que la eólica existente en tierra le ha hecho a Gran Canaria.
Coge la GC-1 dirección sur, toma la salida de Vecindario/Arinaga. Mira a la izquierda. Mira a la derecha. Lo que ves: un paisaje que parece una zona industrial con coartada de naturaleza. Aerogeneradores enormes en los cerros, en los barrancos, a lo largo de la costa. Pistas de acceso abiertas a golpe de excavadora. Torres de alta tensión, subestaciones, vallados.
Arinaga fue un pueblo pesquero tranquilo con vistas a colinas intactas. Hoy hay un parque eólico junto al otro. La propia autoridad ambiental de Canarias emitió un informe desfavorable para el Parque Eólico Puerto de Arinaga — por «impacto paisajístico significativo y negativo», riesgo de colisión con aves y medidas de compensación insuficientes. Y sin embargo, los aerogeneradores siguen ahí.
En Camino la Pasadilla, junto al Barranco de Guayadeque — uno de los monumentos naturales más bellos de la isla —, se rechazó un proyecto eólico porque la autoridad ambiental constató: «La zona tiene una elevada visibilidad con cuencas visuales muy amplias» y la instalación «crearía un precedente que provocaría un deterioro del suelo agrícola como recurso natural.»
Gran Canaria tiene hoy 216 parques eólicos (terrestres, existentes o en trámite). Cada uno fue vendido como «verde» y «necesario». El resultado acumulado es un paisaje que en algunas zonas ya no se reconoce.
La promesa de que «offshore es diferente»
Los defensores de la eólica marina dicen: exactamente por eso queremos ir al mar. Nada más de aerogeneradores en montañas. Nada más de paisajes destrozados. Las plataformas flotantes están a 15, 20, 30 kilómetros de la costa — invisibles desde la playa.
Suena bien. Pero quedan preguntas:
¿Quién garantiza la distancia? Las condiciones de la subasta fijan a qué distancia de la costa se puede construir. Si la presión económica crece, ¿las distancias se reducen? En otros países ha pasado exactamente eso.
¿Qué pasa con los cables? La electricidad tiene que llegar a tierra. Eso requiere cables submarinos, puntos de conexión, subestaciones en la costa. Son obras — en playas, en puertos, en zonas naturales.
¿Qué pasa con el fondo marino? Las turbinas flotantes están ancladas con cadenas o cables al fondo del mar. El impacto en los ecosistemas marinos está poco estudiado, especialmente en las ricas aguas canarias.
¿Quién desmonta los parques viejos en tierra? Si la eólica offshore es el futuro — ¿qué pasa con los 216 parques terrestres? ¿Se desmontan? ¿O se quedan como ruinas de la primera transición energética mientras la segunda ya está en marcha?
¿Cómo de inestable es la electricidad eólica? Las Canarias no tienen red interconectada. Si el viento no sopla — y sí, incluso los alisios tienen calmas — hace falta respaldo. Baterías, almacenamiento por bombeo o, una vez más, diésel. La cuestión del almacenamiento no está resuelta.
La cuenta de los 8.000 empleos
La cifra suena impresionante. Pero procede de un estudio que calcula el ciclo de vida completo de un parque de 500 MW — planificación, construcción, operación, a lo largo de décadas. «8.000 empleos anuales equivalentes» no significa que 8.000 personas vayan a tener un trabajo fijo. Significa que a lo largo de toda la vida útil se acumularán tantos años-persona de trabajo.
Cuántos de esos empleos se crean realmente en Gran Canaria — y cuántos en corporaciones internacionales en Noruega, Dinamarca o Bilbao — es otra historia.
Lo que nadie pregunta
El debate sobre la eólica marina en Gran Canaria se cuenta ahora mismo como una historia de éxito puro. Cabildo, empresas, sindicatos, ciencia — todos a favor. Ni una sola voz crítica en toda la cobertura.
Pero las preguntas que hay que hacer:
¿Se ha consultado a la población si quiere ceder su costa para parques eólicos — aunque estén a 20 kilómetros?
¿Quién se beneficia económicamente? ¿Los isleños — o las multinacionales energéticas que ganen la subasta?
¿Qué pasa con el turismo? Gran Canaria vive del mar. Si los visitantes miran desde el avión y ven un bosque de aerogeneradores frente a la costa — ¿es esa la imagen que la isla quiere vender?
Y la pregunta más básica: ¿es prudente construir la próxima generación de infraestructura energética en el mar antes de haber ordenado el caos en tierra?
Dónde debería estar el debate
La eólica offshore puede tener sentido económico y ecológico para Canarias. Los datos de coste son convincentes, al menos sobre el papel. Y la dependencia del diésel importado es un problema real que hay que resolver.
Pero la forma en que se lleva este debate — como relato de progreso sin alternativa, sin espacio para la crítica, sin participación ciudadana, sin balance honesto de la eólica terrestre existente — recuerda a otros grandes proyectos en Canarias que se vendieron como bendición y acabaron como carga.
Quien quiera, puede ir a Vecindario y ver cómo es la «energía verde» cuando se encuentra con un paisaje.