Las reglas: gana quien no se mueve

Se baila por parejas, en plena verbena, con un jurado de vecinos y de fuera mirando de cerca. «Todo el que quería bailar la papa, la podía bailar», recuerda Nico Ojeda, de 76 años, a eldiario.es; se ponían enfrente y, si la papa rodaba hacia el ojo, quedaban descalificados. Como la papa va entre dos cabezas, cuenta la estatura: se buscaban parejas de la misma altura y acostumbradas a bailar juntas.

Gabriel Ramírez ha ganado cuatro veces, siempre con su esposa Margarita González. «El truco está en no dejarse mover la papa», dice al periódico. Ella, a sus 85 años, precisa más: mover la cintura y dejar la cabeza quieta, «la cabeza quietita».

1959: un garaje, un balde de papas, cajas de tomates

Hasta hace poco nada de esto estaba escrito en ninguna parte. Teresa Cárdenes, de 83 años, a quien aquí todos llaman Teresita, llegó en 1959 desde Tejeda con 16 años; Jorge Ojeda Montesdeoca era su cuñado. «Él, un día que se cogieron las papas en El Hoyo, cogió un balde con las papas todas del mismo tamaño», cuenta a eldiario.es, y el baile se hacía en el garaje de su casa, con asientos de cajas de tomates «para que las madres pudieran vigilar si las hijas se pegaban mucho a las parejas». Algunas personas mayores del pueblo acusaron a Jorge de inventar el baile «para arrimarse más a las mujeres». Lo cuenta riéndose.

A diferencia de la mayoría de las tradiciones canarias, el baile no obedece ni a una fecha de cosecha ni a una raíz religiosa o aborigen. Es, dice el reportaje, la historia de personas trabajadoras que en el ocio encontraron un espacio de encuentro.

La pista del cine y lo que de ella se sostiene

En el barrio se cuenta desde hace mucho que el baile viene de una película de Hollywood de aquellos años. eldiario.es lo recoge expresamente solo como posibilidad —«tal vez»— y cita el título español Serenata en el Valle del Sol y al director Robert Z. Leonard.

Ese título se puede identificar: corresponde a Duchess of Idaho, un musical de la MGM de 1950 dirigido por Robert Z. Leonard, con Esther Williams y Van Johnson, ambientado en la estación de esquí de Sun Valley, en Idaho. Y la película contiene la escena que encaja: una crítica del blog de cine The Blonde at the Film (2 de enero de 2015) describe cómo los protagonistas acuden a «un curioso certamen de la papa que se gana bailando con una papa entre las frentes de la pareja». No se trata de Sun Valley Serenade, de 1941, ambientada también allí y confundida a menudo con ella. Queda acreditada la escena, no que El Hoyo la tomara de ahí.

Por qué precisamente aquí: un pueblo sin carretera

Que un baile sobreviva justo en un barrio y en ningún otro sitio tiene que ver con la geografía. El Hoyo queda a la sombra de Inagua, cuyo pinar se extiende por Mogán, La Aldea y Tejeda. Según la propia versión del ayuntamiento y la crónica escolar local, el aislamiento terrestre terminó con la carretera a Agaete en 1939; el 4 de agosto de 1949 se inauguró la línea de pasajeros por mar con Las Palmas, unas cuatro horas de trayecto, y en 1953 se enlazó por una pista estrecha con Mogán. El baile empezó en un lugar accesible por tierra desde hacía apenas 20 años.

Y la carretera siguió siendo peligrosa. El 9 de febrero de 2024 el Gobierno de Canarias puso en servicio los túneles de Faneque: dos tubos de 2.044 y 2.129 metros que sustituyen tres kilómetros de la GC-200 expuestos a desprendimientos. Según Canarias7 (3 de noviembre de 2025), el tramo El Risco-Agaete cuesta ya 180 millones de euros; el 80 % debería abrirse en 2027.

Qué supondría el reconocimiento como patrimonio

La Asociación de Vecinos Rosa Nueva, fundada hace 48 años, impulsó el estudio porque no había nada documentado. Begoña Saavedra nombra la amenaza sin rodeos: «La principal es que no podamos recoger todo lo que las personas mayores puedan decirnos antes de que se vayan». Por eso la asociación lleva el baile a colegios y centros culturales. Para Guadalupe Godoy, de la junta directiva, lo esencial es difundirlo «tal y como se bailó en 1959, que no se pervierta».

La vía jurídica es la Ley 11/2019 de Patrimonio Cultural de Canarias. Su artículo 25 enumera once categorías de bienes inmateriales, entre ellas «usos sociales, rituales y actos festivos» y «manifestaciones sonoras, música y danza tradicional». Como el baile solo se manifiesta en Gran Canaria, el artículo 27.2 atribuye la incoación al Cabildo; la declaración se hace por decreto del Gobierno de Canarias (artículo 32.1), con un plazo máximo de 24 meses. El artículo 32.3 obliga a precisar los elementos esenciales cuya alteración supondría un menoscabo, expresamente «con objeto de permitir la evolución natural de este tipo de manifestaciones». La preocupación de Godoy, en forma de ley.