Es una imagen que no se asocia primero con Canarias: militares de camuflaje, un transporte militar en la pista, una despedida de los mandos — y en el destino, no unas maniobras al sol isleño, sino la protección del espacio aéreo en la frontera exterior este de la OTAN. El lunes 8 de junio de 2026, la primera rotación del llamado contingente IX de la Unidad de Defensa Antiaérea del Ejército de Tierra despegó de la base aérea de Gando, en Gran Canaria, con rumbo a Letonia.

Quién parte — y adónde

A bordo iban, según el Mando de Canarias, el mando militar regional, «cerca de un centenar» de militares, la mayoría de las propias islas. Fueron despedidos a pie de pista por el coronel jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea n.º 94 (RAAA 94), la unidad que aporta el contingente. Su destino es Letonia, un Estado báltico con frontera común con Rusia — y, por tanto, parte de ese flanco este que está en el centro de la planificación defensiva de la OTAN desde el ataque ruso a Ucrania.

La misión: «Persistent Effort»

El despliegue se desarrolla bajo el nombre de «Persistent Effort», una operación de la OTAN para asegurar el espacio aéreo letón. En su frontera exterior este, la Alianza mantiene ocho grupos de combate multinacionales, entre ellos en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, liderados respectivamente por naciones como el Reino Unido, Canadá, Alemania y Estados Unidos. España participa en el marco de la Presencia Avanzada Reforzada (enhanced Forward Presence, eFP) y tiene actualmente cerca de 500 militares desplegados en Letonia, la mayoría de una brigada con base en Córdoba. La unidad antiaérea canaria se suma ahora a ellos.

Qué llevan los militares: el sistema NASAMS

El núcleo del despliegue es un sistema de defensa antiaérea terrestre llamado NASAMS. Dispara misiles del tipo AIM-120 AMRAAM, los llamados proyectiles «dispara y olvida», que no necesitan guiado tras el lanzamiento. Su alcance es de siete a diez kilómetros efectivos, y como máximo de unos 25; el radar Sentinel asociado detecta objetivos hasta a 75 kilómetros. El sistema puede integrarse en la red integrada de defensa aérea de la OTAN y abatir aviones, helicópteros y misiles. Protege, en jerga militar, «puntos de importancia vital» — aeropuertos, centros de mando, infraestructuras críticas.

Por qué no es una sensación, sino rutina

Aquí conviene contextualizar, porque la fórmula «España traslada militares fuera de Canarias» sugiere un dramatismo que no hace justicia al asunto. En realidad se trata de una misión rotatoria: las unidades se relevan a intervalos fijos, y para el regimiento canario es ya el quinto despliegue en la región báltica, alternando entre Letonia y la vecina Estonia. No se «retira» ninguna defensa insular; se presta una contribución periódica a la defensa de la Alianza — como hacen por turnos muchos Estados de la OTAN. Que sea precisamente una unidad especializada con base en Gran Canaria la que asume con regularidad esta tarea dice más de sus capacidades que de un supuesto debilitamiento de las islas.

El contexto más amplio

Para Canarias, la presencia militar no es nada nuevo: el Mando de Canarias es un mando regional autónomo de las Fuerzas Armadas españolas, y los despliegues desde aquí al flanco este de la OTAN se han convertido en un ritmo fijo. La partida desde Gando se enmarca en una semana de intensa actividad aliada en el norte de Europa, con varios grandes ejercicios en el Báltico y Escandinavia. El mensaje que el Ministerio de Defensa y el mando regional quieren transmitir es, en consecuencia, sobrio: fiabilidad ante los aliados, seguridad compartida, presencia en la frontera del territorio de la Alianza.

Al final queda un contraste que se graba en la memoria: mientras en Gran Canaria empieza la temporada de verano, cerca de un centenar de militares isleños toman posición en la frontera más fría de la seguridad europea. Sin dramatismo, sino cumplimiento del deber — pero uno que muestra que también la región más meridional de España está firmemente anclada en el norte de la OTAN.