Si paseas por el paseo marítimo de Costa Teguise, en Lanzarote, es posible que tu mirada se cruce con un muro blanco que se extiende junto al mar. Detrás de esa tapia se esconde una de las propiedades más enigmáticas y menos accesibles de Canarias: La Mareta. No es un hotel de lujo ni una atracción turística, sino una residencia oficial del Estado español que, cada verano, recupera su protagonismo en los medios cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, elige este rincón para sus vacaciones estivales.
Pero La Mareta es mucho más que el refugio playero de un mandatario. Su historia empieza con un rey extranjero enamorado de Lanzarote, pasa por un regalo entre monarcas y se consolida como un instrumento de la diplomacia y la promoción turística de España. En este artículo te contamos, con el tono de un amigo local bien informado, todo lo que se sabe —y lo que no— sobre esta residencia de postal.
Un regalo real con sello jordano y alma canaria
Para entender La Mareta hay que viajar a finales de los años 70. El rey Hussein de Jordania, fascinado por la isla, encargó la construcción de una residencia de vacaciones privada en la costa de Teguise. Y para darle forma, recurrió al artista que mejor entendía el paisaje lanzaroteño: César Manrique. El resultado fue un complejo de líneas puras, volúmenes encalados y una integración total con el entorno volcánico y el océano, muy en la línea de la estética que Manrique ya había desplegado en los Jameos del Agua o el Mirador del Río.
La historia dio un giro el 22 de junio de 1989, cuando el rey Hussein decidió ceder la propiedad como un obsequio personal al entonces rey de España, Juan Carlos I. Apenas unas semanas después, el 18 de julio, el monarca español entregó La Mareta a Patrimonio Nacional, el organismo que gestiona los bienes del Estado vinculados a la Corona. Desde ese momento, la casa dejó de ser un capricho privado para convertirse en una residencia oficial al servicio de la Jefatura del Estado y del Gobierno.
Así es La Mareta por dentro: búngalos, piscinas y mar al alcance de la mano
Aunque el hermetismo es la norma, a lo largo de los años se han filtrado algunos detalles sobre la configuración de la finca. La Mareta no es un palacio al uso, sino un conjunto de construcciones bajas dispersas en una amplia parcela de unos 30.900 metros cuadrados, de los cuales cerca de 10.000 corresponden a zonas ajardinadas. El concepto, fiel al ideario de Manrique, evita cualquier estridencia y busca que la arquitectura dialogue con el paisaje.
Las informaciones disponibles, basadas en reportajes y documentos oficiales, hablan de unos diez búngalos que sirven para alojar tanto a los huéspedes principales como al personal de servicio y seguridad. El búngalo principal contaría con dos dormitorios, una piscina privada y varias terrazas con vistas al Atlántico. En total, la finca dispone de al menos dos piscinas exteriores —algunas fuentes mencionan tres—, además de una pista de tenis, una cancha de baloncesto y un acceso directo y privado al mar. También se ha mencionado la existencia de biblioteca, comedor y un lago interior, aunque estos últimos detalles no están confirmados oficialmente y deben tomarse como indicativos.
De Kohl a Sánchez: un escenario de poder junto al Atlántico
Desde que la Familia Real comenzó a utilizarla con regularidad a partir de 1993, La Mareta ha sido testigo de encuentros que trascienden lo vacacional. Por sus jardines y salones han pasado figuras como los cancilleres alemanes Helmut Kohl y Gerhard Schröder, el último líder soviético Mijaíl Gorbachov, el expresidente checo Václav Havel y los expresidentes españoles José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. La residencia ha servido como marco para cumbres bilaterales y como gesto de hospitalidad institucional.
En los últimos años, el nombre de La Mareta ha vuelto a los titulares por un motivo más doméstico pero igualmente mediático: las vacaciones del presidente Pedro Sánchez. El mandatario ha convertido este rincón de Costa Teguise en su refugio habitual durante las pausas estivales, en Semana Santa y en Navidad. Su llegada a bordo de un avión del Ejército del Aire al aeropuerto César Manrique y el posterior traslado bajo escolta hasta la residencia forman ya parte del ritual informativo de cada verano. En alguna ocasión, su estancia se ha prolongado hasta 33 días, generando tanto expectación como críticas locales por las molestias derivadas del dispositivo de seguridad.
Una fortaleza discreta: seguridad y la (casi) imposible visita
Que La Mareta sea un lugar tan fotogénico no significa que puedas acercarte a conocerlo. La residencia está cerrada al público de forma permanente y solo se ha abierto en contadísimas excepciones. La más recordada ocurrió en noviembre de 2018, cuando, por decisión expresa de la Casa Real, se permitieron visitas con inscripción previa durante unas horas, en el marco del 600 aniversario de la fundación de Teguise. Fuera de esos hitos, cualquier turista debe conformarse con contemplar el perímetro desde los senderos y paseos públicos colindantes.
La seguridad es, comprensiblemente, un asunto mayor. Patrimonio Nacional adjudicó recientemente, por procedimiento de urgencia, un contrato de vigilancia para La Mareta por un valor de 266.094,13 euros anuales. Durante las estancias del presidente, el dispositivo se refuerza con unos 30 agentes de la Guardia Civil llegados desde Madrid, que se suman al equipo de escolta habitual. El resultado es una de las residencias oficiales más seguras y discretas del patrimonio institucional español.
Preguntas frecuentes
- ¿Se puede visitar La Mareta?
- No. Es una residencia oficial cerrada al público. Solo se ha abierto en ocasiones muy excepcionales, como en 2018 por el aniversario de Teguise, siempre con inscripción previa y por decisión de la Casa Real.
- ¿Quién diseñó La Mareta?
- El artista y arquitecto lanzaroteño César Manrique, a finales de los años 70, por encargo del rey Hussein de Jordania.
- ¿Quién utiliza La Mareta actualmente?
- Principalmente, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, para sus vacaciones. También se usa para alojar a jefes de Estado y de Gobierno invitados, y por la Familia Real.
- ¿Cuántas piscinas y búngalos tiene la finca?
- Según las informaciones disponibles, cuenta con al menos dos piscinas (algunas fuentes hablan de tres) y unos diez búngalos distribuidos por la parcela.
- ¿Por qué se llama La Mareta?
- El nombre hace referencia a una pequeña laguna o charca natural cercana al mar, un término común en la toponimia canaria para designar acumulaciones de agua junto a la costa.
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Este artículo se ha elaborado a partir de fuentes oficiales de Patrimonio Nacional, hemeroteca y reportajes de medios españoles e internacionales. Los detalles sobre la distribución interior no están verificados oficialmente y se basan en informaciones publicadas. La información sobre seguridad y accesos refleja la situación conocida en agosto de 2026.
