Hay viajes que nunca se hicieron — y, aun así, hacen historia. La visita del papa León XIV a Canarias es uno de ellos. Porque, en origen, no era su viaje. Las islas figuraban en el plan de su predecesor, Francisco, que falleció el 21 de abril de 2025 antes de poder visitarlas. León XIV — el primer papa estadounidense, nacido Robert Prevost en Chicago y, tras años como misionero, también ciudadano peruano — cumple ahora ese plan. Situar la migración en el centro de esta etapa fue el empeño de Francisco; León lo lleva adelante.

Una brújula que viaja de África a Roma

El detalle quizá más conmovedor es un objeto pequeño y discreto. El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, entrega al Papa una brújula de un cayuco — una de esas barcas de madera con las que personas se atreven a la peligrosa ruta atlántica. El aparato fue fabricado en China, lo usaron personas que partieron de Senegal y llegó al muelle de Arguineguín. «Aunque pateras y cayucos usan sobre todo dispositivos GPS de mano, las brújulas son más fiables — un símbolo de salvación y seguridad», explica Morales. Ahora esta pieza, que sobrevivió a medio Atlántico, será llevada al Vaticano por «un papa estadounidense y matemático», como apunta Morales con una sonrisa.

A ello se suma una cruz, elaborada con la técnica del «cuchillo canario», el tradicional cuchillo de las islas — artesanía como expresión de la identidad insular.

Un rosario del último carpintero del pueblo

También el municipio de Mogán ha ideado algo: un rosario artesanal de madera de aguacatero y de pino canario («tea de pino»). Lo elaboró Doramas Hernández, a quien en el pueblo llaman el «último carpintero tradicional». Un regalo que huele a tierra.

La historia que explica el regalo

¿Por qué Arguineguín? El pequeño puerto del sur de Gran Canaria arrastra un apodo amargo: «muelle de la vergüenza». Durante la crisis migratoria de 2020, miles de personas quedaron varadas aquí en condiciones indignas; el periódico EL PAÍS llamó al lugar «un ejemplo de cómo no hacer las cosas». Justo por eso el Papa quiere verlo — no esconderlo, sino visibilizarlo. Una de las historias más bellas al respecto es la de Mamadou Koulibali, un joven maliense: hace dos años llegó él mismo en barca a Arguineguín. Hoy ayuda a rehabilitar el mismo muelle que un día lo acogió.

Un carrito de golf para las residencias

No todo es grave y simbólico — algo es sencillamente entrañable. Para los trayectos cortos, el Papa usa, además del papamóvil Mercedes blindado, tres vehículos eléctricos, entre ellos un carrito de golf con el que recorre la calle Viana del casco histórico de La Laguna para saludar en persona a residentes de centros de mayores. El papamóvil propiamente dicho, un Mercedes Clase G blindado, es, por cierto, una pequeña curiosidad técnica: alcanza hasta 235 km/h, ronda los 400 caballos, cuesta unos 400.000 euros — y, sobre todo, está totalmente acristalado. El diseño se remonta al atentado contra Juan Pablo II en 1981, tras el cual el Vaticano pasó a vehículos blindados y antibalas.

Tela con «dignidad, fluidez y fuerza simbólica»

Entre bastidores también se piensa en el vestuario. En este viaje viste al Papa el diseñador italiano de ornamentos Filippo Sorcinelli, que describe así su filosofía: «Un tejido destinado al Papa debe tener dignidad, fluidez y fuerza simbólica.» Y en Tenerife la patrona de las islas lo recibe a la altura: Jaime Estévez, que vela desde hace casi 40 años por las vestiduras de la Virgen de Candelaria, eligió para la ocasión un atuendo «sencillo pero elegante».

De la chocolatina a la búsqueda del tesoro

Y luego están los detalles que muestran hasta qué punto se moviliza todo un archipiélago. La aerolínea Binter dispuso vuelos especiales y reparte más de 121.500 chocolatinas conmemorativas hechas a propósito entre sus pasajeros. En los colegios — cerrados los días de la visita — los más pequeños se prepararon para el «hombre del Vaticano» con búsquedas del tesoro y puzles. Los amantes de la historia recuerdan, mientras tanto, que ya en 1934 un futuro papa tocó las islas: el cardenal Eugenio Pacelli, el futuro Pío XII, hizo entonces escala en Teror. Y sobre todo ello pesa un dispositivo que las autoridades llaman el «mayor y más complejo operativo de seguridad de la historia de Canarias» — más de 1.250 efectivos.

De qué va, al final

Son estas pequeñas cosas — una brújula, un rosario, un carrito de golf — las que humanizan una visita de Estado. Hablan de unas islas que buscan su lugar entre la tradición y la tragedia, entre la hospitalidad y la dura realidad de la ruta atlántica. El Papa viene por un día. Las historias que se lleva, quedan.